Rosario,

 
 
Sarna, la enfermedad de la que no se habla…

Dr. Carlos A. Porta Guardia.

¡Cuidado!, la sarna acecha. Casi todos tenemos una sensación de asco y peligro ante la sola mención del nombre; o mejor dicho ante la sola posibilidad de estar afectados por ella. En alguna oportunidad nos hemos enterado de que para algún enfermo se le indicaron baños, de lo cual inferimos que «quizás venga por el desaseo», y eso a nosotros no puede ocurrirnos… Se la llama «sarnilla» con la remota esperanza de que el diminutivo atenúe la supuesta importancia que se le confiere (y limitar la deshonra de padecerla). Es así que de la sarna no se habla excepto refiriéndonos a terceros o hablando de ella en general; de este modo olvidamos una sencilla verdad: se trata tan solo de una enfermedad contagiosa, producida por un parásito microscópico (no se ve a simple vista), por lo que no es un producto de la mugre.

Una vez que el parásito macho fecundó a la hembra, cumplida su obligación biológica se dedica a transcurrir por la superficie cutánea. A la hembra le resta el trabajo de poner los huevos para perpetuar la especie… Para ello cava en el espesor de la piel unos túneles apenas visibles de un centímetro de largo, o poco más; cada tanto pone huevos y avanza (dada su conformación anatómica no puede retroceder) hasta que al final muere agotada. A su tiempo, de los huevos saldrán larvas, las que se abrirán paso a través de la piel para emerger y renovar el ciclo reproductivo.

No podemos observarlo, pero tales son las actividades cotidianas de los parásitos en nuestra piel hasta que son interrumpidos por un roce, y entonces viajan directamente o vehiculizados por las ropas, hasta otro sector de la piel o hasta la piel de otra persona: ha llegado la hora de establecer otra colonia… No hay una sola variedad de parásito sino muchas, y cada una tiene marcada preferencia por una única especie huésped; no anidará sino imperfecta y pasajeramente en otro tipo de piel. Los parásitos de un perro por ejemplo, sólo pasarán fugazmente por nuestra piel de modo que los trastornos que produzcan serán pasajeros y con frecuencia se resolverán espontáneamente. Para los parásitos, el sobrevivir en un huésped diferente al cual se ha adaptado, se parece bastante al sobrevivir en la atmósfera generalmente inhóspita de otro planeta. Es así que cuando alguien padece sarna, el contagio proviene casi con seguridad de otro humano.

No hay que creer que quien nos contagia una sarna es una persona «perversa» dispuesta a endosarnos una plaga; la enfermedad no suele picar demasiado durante el día y esta sensación sólo se intensifica de noche, sobre todo al calor de la cama, de modo que casi nadie le da demasiada importancia, hasta que la colonia de parásitos se ha diseminado. No es infrecuente que las personas se nieguen a considerar la posibilidad de tener alojada a esta comunidad en su piel ?¿Cómo voy a tener sarna si me baño todos los días?? y tardará cierto tiempo en hacerse cargo de la situación, por una comprensible pero injustificable vergüenza. Es cierto que el baño molesta a los parásitos: inunda sus túneles, a veces los ahoga, dificulta su reproducción y disminuye algo su número, pero no basta para erradicarlos, y es así que personas minuciosas y aún obsesivas con su higiene, pueden ser portadoras de la enfermedad y transmitirla. En muchas ocasiones las medidas de higiene logran enmascarar los rastros de la enfermedad, aunque sin curarla, de modo que se tendrá una falsa confianza en no poseerla, y el prurito será atribuido a «causas psicosomáticas», omnipresentes en la vida actual.

No hacemos un elogio de la mugre: hay que bañarse tanto como se necesite, aunque eso no elimine una sarna; pero no hay que postergar la consulta con un especialista. Además hay que seguir cuidadosamente las indicaciones médicas ya que no es tan fácil desalojar a los parásitos una vez que nos han colonizado por cierto tiempo, y menos aún cuando también colonizan a otras personas con las cuales convivimos o tenemos un contacto íntimo. Tampoco debemos utilizar jabones o medicamentos que nos recomienden personas comedidas pero sin conocimiento científico de esta enfermedad; todo puede comenzar como una simple sarna y transformarse paulatinamente en un estado inflamatorio sobreagregado por las medidas intempestivas a que sometamos nuestra piel para desembarazarnos de la enfermedad. No existen jabones especiales y el uso intensivo de medicaciones (por muy apropiadas que fueren) sólo logrará irritar nuestra piel sin curarla y complicar la cuestión.

Lo importante es la sinceridad con uno mismo y con los demás; una vez que nos sepamos contagiados no debemos ocultar nuestra condición a aquellas personas de las cuales podemos habernos contagiado o a las que podamos haberle transmitido la enfermedad. Es inconducente buscar sinónimos menos desagradables para atenuar la importancia del problema; no es un simple «sarpullido» ni una «sarna pequeña»; se trata desafortunadamente de sarna, desagradable pero real… Además el contagio lo compartimos con las personas que más apreciamos, las cuales a la larga estarán agradecidas de que les hayamos avisado. Por otro lado cuando alguien nos comunica que «pudo habernos contagiado» o nos pregunta si «podríamos ser nosotros el origen de su enfermedad», debemos ser totalmente comprensibles y solidarios, sobre todo pensando en cómo nos sentiríamos en su lugar.

Se trata de un adversario molesto y pertinaz, pero en modo alguno terrible o inevitable. El dejar las ropas en remojo ?no es necesario hervirlas? ayuda puesto que ahoga a los parásitos circunstancialmente localizados en ellas. El baño cotidiano, sobre todo si disponemos de una bañera para sumergirnos, ayudará a limitar el número de parásitos alojados en nuestra piel y por lo consiguiente cooperará con el tratamiento adecuado, que repetimos: siempre deberá ser indicado por un médico competente. Es así que debemos consultar lo antes posible si nos pica, aunque sólo nos pique por las noches, sobre todo si también le pica a las personas con las cuales convivimos, especialmente aquéllas con las cuales mantenemos un contacto íntimo.

Los prejuicios y los temores son enemigos mucho peores que los parásitos, y la mejor arma contra la sarna es la información y la sinceridad.


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Última Actualización: Marzo 2009


Cátedra de Dermatología Facultad de Ciencias Médicas - U.N.R.