Rosario,

 
 

Entrevista Homenaje al Dr. Augusto Mercau

Entrevista realizada al Dr. Augusto Mercau por el Dr. Sebastian Mercau

 

¿Por qué decidió estudiar medicina?

Mi padre era médico cirujano. Él prefería que me dedicara al comercio, pero a pesar de todo seguí Medicina, y no estoy arrepentido, porque he podido curar a mucha gente.

 

¿Dónde se formó universitariamente?

Me formé en la Universidad Nacional de Rosario. Me recibí en el 1940, después de ocho años, porque tuve que volver con mi familia a San Luís dos años por cuestiones económicas.

 

¿Cómo fueron sus primeros años en la profesión?

Hice Dermatología en el Hospital Centenario, y Lepra en el Hospital Carrasco. Trabajé cuatro años como médico  ad-honoren en la Sala IV del Hospital Centenario  y tres años en el Hospital Carrasco en el Servicio de Leprología. Es decir,  mi país de me dio la escuela primaria, secundaria y la formación universitaria gratis. Estoy satisfecho de haberle podido devolver a mi país lo que mi país me dio.

¿Cómo fue su trayectoria en la dermatología?

Empecé de a poco en el Hospital Carrasco. Primero fui  asistente de servicio, después fui médico de servicio, luego Jefe de Clínicas, hasta que llegue Jefe del Servicio de Leprología. Finalmente llegue a ser Director del Hospital Carrasco. Ahí hice toda mi trayectoria en el sector público.Siempre trabajando a la par del enfermo.  En el Hospital Carrasco tenía una enorme escuela. Hay algunos que todavía me dicen “Maestro”. Trabajé mucho y enseñé todo lo que pude. Estoy muy satisfecho de haber podido hacer todo eso por el país.
En 1952 decidimos formar una clínica de dermatología, junto al Dr. Fernández y los doctores Carboni y Vacaro. Así nació la Clínica de la Piel y dio origen a las clínicas privadas,ya que hasta ese momento estaban los sanatorios y los hospitales y cada médico individual tenía su propio consultorio.Luego aparecieron las clínicas nariz y garganta, la de ojo. Hubo un cambio fundamental en la asistencia médica de Rosario.

 

¿Qué lo motivó a dedicarse a la Leprología?

El número de enfermos de lepra era considerable en el país y no existía un lugar hospitalario donde instalarlos y atenderlos. Surgió entonces en la Capital Federal el Patronato de Leprosos de la República Argentina en 1930 de la mano de su fundadora Hersilia Casares de Blaquier. En 1932 nació el Patronato de Leprosos de Rosario. Fueron significativas estas fundaciones porque con su tarea fueron mejorando notoriamente las instalaciones, la atención y la ayuda a los pacientes. Un día fui a una reunión en el Hospital Carrasco en la sala de Lepra en donde estaban el Dr. Schujman, el Dr. Fernandez y la Sra. Hersilia Casares de Blaquier y otras señoras de la alta sociedad porteña. Me llamó mucho la atención ver cómo se trataba al enfermo, saludándolos con un beso, abrazándolos, sobre todo con la calidez humana con la que los trataba la Sra. de Blaquier. Hablé con Dr. Shujman y me dijo “bueno si vos querés trabajar vení acá” Con  ayuda económica del Patronato de Lepra me pude mantener y terminar la carrera, que hasta ese momento era muy difícil debido a los escasos ingresos que tenía.

 

¿Pensó alguna vez irse a trabajar al extranjero?

En Nueva York un director de un hospital me pidió que me quedara a trabajar con él. Yo le dije que no. Me ofrecía cada vez más, dos o tres veces por arriba de lo normal, hasta que le tuve que decir que le aceptaba con mucho gusto la oferta pero que tenía que volver a mi país a devolverle a mi país lo que este me había dado. Ahí aceptó la negatividad y me sentí tranquilo de volver a mi país.

 

¿Cuáles eran los tratamientos disponibles para lepra en esa época?

En aquella época no había prácticamente nada. Se les daba a los enfermos un extracto de una planta proveniente de la India, el aceite de Chaulmoogra. Algunos se mejoraban y otros nada, y desgraciadamente se les notaba la enfermedad, les daba muy mal aspecto. Acá en Rosario la enfermedad no tuvo mayor repercusión social, pero en esa época en otros países, como en el pasado, el enfermo de lepra era una persona totalmente desprestigiada. Con el tiempo cambiaron muchos los tratamientos, especialmente con el advenimiento de las sulfonas y luego con los antibióticos modernos que han logrado una curación completa de la enfermedad.

 

¿Con respecto a las enfermedades de transmisión sexual, qué recuerdos tiene?

Las enfermedades de transmisión sexual eran muy numerosas y sin tratamiento, especialmente la sífilis y la blenorragia. Rosario al ser una ciudad portuaria, tenía un gran aflujo de marineros que eran grandes consumidores de prostitución.  La presencia de los prostíbulos era una gran fuente de diseminación de la enfermedad. Cabe hacer una mención al actualmente valorado barrio de Pichincha, donde en esa época había grande e importantes prostíbulos, algunos de fama internacional, no solo por el lujo sino por las mujeres que no eran verdaderamente prostitutas, sino mujeres traídas de Europa que las hacían trabajar bajo condiciones de esclavitud. Merece ser destacada la acción del Profesor Fernández que trabajaba en la asistencia pública, donde hacía el examen sanitario a las prostitutas. Con el tiempo Fernández comenzó a observar una severa discrepancia entre la clínica y la serología por él solicitada. Sospechando que las pruebas eran adulteradas, se llevó las muestras en su guardapolvo al laboratorio central y de esta forma comprobó que sus sospechas eran correctas, siendo los proxenetas responsables del cambio de las muestras. Fernández logro entonces que se sancionase una ley que prohibía la presencia de los prostíbulos. Al poco tiempo se comenzó a ver un drástico descenso en el número de casos de enfermedades de transmisión sexual. La Nación al ver la eficacia de la ley, sacó una ley nacional.

 

¿Qué recuerdos tiene del  trato con sus pacientes?

Tuve la suerte de tener una enorme cantidad de enfermos. En una época era el dermatólogo que más pacientes veía en la Provincia de Santa Fe. Llegué a tener hasta sesenta enfermos por día. Había de todo, la mayoría era de Rosario, pero había muchos enfermos que venían del interior de la provincia de Santa Fe. Había enfermos de lepra que venían de Corrientes, Chaco, Formosa. Toda la vida he trabajado para ellos.
Hace diez años, un paciente que atendí durante cuarenta y tres años gratis, falleció y fuimos a saludar a su mujer. La mujer me entregó un paquetito donde estaba el anillo de bodas de mi paciente y me dijo que para Mario, su marido,  yo no había sido solo su médico, sino su mejor amigo y me lo obsequió.

 

¿De qué profesores y  compañeros guarda un recuerdo especial?

Guardo recuerdos del doctor Enrique Fidanza, que fue un gran profesor de dermatología, pero también de tuve dos personajes muy extraordinarios que me ayudaron mucho en el hospital Carrasco: el doctor José María Fernández y Salomón Schujman, que me ayudaron muchísimo, me apoyaron en todo momento.

 

¿Qué mensaje le diría a un joven estudiante de Medicina?

Que trate en lo posible de hacer una carrera honesta, que estudie mucho, pero que sea todo con un profundo sentido moral. Hoy en día la enseñanza es todo muy científico, pero a mí me gustaría que se enseñe todo con más sentido moral ¿De qué sirve un ilustre médico que sea corrupto?

 

¿Cómo le gustaría que lo recuerden lo ciudadanos rosarinos?

Como una persona común que ha trabajado mucho para la salud privada, como pública. Me gustaría que me recuerden como un médico que he trabajado de la forma más honesta posible.

 

 
 

Última Actualización: Marzo 2012


Cátedra de Dermatología Facultad de Ciencias Médicas - U.N.R.